¡¡Queremos igualdad, queremos igualdad!! gritan como  posesas un grupo de feministas radicales, o como se las llama últimamente, esas falsas feministas. Confieso no ser ni feminista ni machista, como decían en mi época: ¡Soy ecologista mundialista! ¡Ea! y nos quedábamos tan anchas. Lejos quedaron aquellas féminas que sí luchaban por unos derechos y a las que les debemos mucho. Ahora se sigue pidiendo -por pedir que no quede- igualdad, pero ¿Igualdad para qué? y sobre todo ¿En igualdad con quién? No he oído nunca a un hombre en un medio televisivo llamarle a una mujer: “Feminista cabrona”, y menos sin sufrir graves consecuencias. En cambio, a María Antonia Iglesias sí la he escuchado decirle a un contertulio: “Eres un machista y un cabrón”, eso sin contar la de veces que suelta sus “cojones” “coño” “huevos” etc. ¿Qué dice verdades como puños? probablemente, pero sus formas dejan bastante que desear y no solo hacia sus compañeros, sino hacia la audiencia, al espectador. Creo que nos merecemos un respeto después de aguantar tanto griterío que, en mi caso, lo único que consiguen es alterarme y no enterarme del tema que se está tratando. Esta señora, también se permite el lujo de llamar con sus cinco letras “chulo” a A. Pérez Reverte, porque según ella hizo no sé qué y no sé cuántos durante su etapa de reportero. Pues mire usted, señora diplomada, estudiada y demás estupideces inservibles en casos como éste. O se cuenta todo y el por qué, o se calla uno y deja la descalificación gratuita, porque por mucho que a esta señora la sorprenda, somos muchos, mundialmente hablando, los que admiramos a este gran escritor y mejor articulista. Eso sí, tuvo la delicadeza de llamarle “señor”: “Este señor es un chulo”. Aquí hay algo que no me cuadra, o se es señor o se es chulo, pero ambas cosas, lo dudo.

¿Qué hubiese ocurrido de haber sido al revés? Pues si a Carlos “El Yoyas” por menos le echaron de G. H., no quiero ni imaginarme si un hombre la llama “chula” “cabrona” a esta señora en vivo y en directo. Solo la respondieron, después de tantas lindezas, con un “eres gilipollas”. Elemental querido “guasón”, y se quedó corto.

Y yo me pregunto ¿Tanto poder tiene esta mujer o tanto se la teme para no hacerla callar? ¡Pues no!, no solamente se la permite TODO, sino que además, está en toda partes –como las caquitas de perro-. Eso sí, no es lo mismo escucharla en un debate en el cada vez más decadente programa “La Noria” (que se está quedando en coches de choque) que en “La mirada crítica” y es que Mª Teresa Campos tiene bastante más brios que ésta otra. Y también más educación.

Ahora nos vamos con ese presentador -Jordi González- al que hace tiempo admiraba, ese hombre al que yo recomiendo encarecidamente por el bien de todos, que vuelva a fumar (lo que sea, pero que fume) y se calme un poco, porque estoy hartita de sus movimientos espasmódicos, de sus voces, de su sobreactuación, de su poca tolerancia, de su gran falta de respeto -según y con quién, claro- y de su pelotilleo hacia Mª Antonia Iglesias y su acompañante prepotente de pelo cano (no recuerdo su nombre ni puñetera falta que me hace).

Me parece estupendo que el señor Jordi González no crea en los curas. Yo tampoco y no por eso les falto al respeto-. Pero de eso a mandarle callar, gritándole estas palabras: ¡Oiga cura! Hombreeee. O que otro contertulio  -que no debe de ser santo de su devoción- esté comentando educadamente y se le escuche a J. González decir: “¡Es que este tío no se calla!”. Eso sin contar sus intempestivos ¡¡Silencio!! – que  si no estás muy atenta a lo que pasa en ese momento en la pequeña pantalla, del susto que te metes puedes quedarte pegada en el techo  cuál Pantera Rosa en una serie de dibujos animados-.

Empiezo a pensar seriamente que, Mª Antonia Iglesias en realidad es la bruja Lola disfrazada, amenazante con sus dos velas negras. De lo contrario, no entiendo absolutamente nada, o lo que es peor, sí lo entiendo y, me asquea.

Menos igualdades de feministas radicales y un poquito más de educación, respeto y saber estar. Sobre todo hacia nosotros, porque sin nuestra paciente atención y lealtad, estos señores se irían –y siguiendo su ejemplo- a la puta mierda.