Empezaré con una frase: “Tener un hijo es cosa de dos, pero decisión final de una. La mujer”

Si hay algo por lo que la mujer ha de ser envidiada por el hombre es precisamente por el hecho de poder crear una vida humana en el interior de su vientre.

Si hay algo por lo que la mujer ha de sentirse superior es precisamente por ese motivo.

Poseedora de una maquinaria perfecta, crea un ser vivo que meses después traerá a este mundo.

Pero tampoco es menos importante esa colaboración del hombre, capaz de darnos la oportunidad de hacernos sentir madres, que no mujeres. No comparto la opinión a cerca de que una mujer no se siente realizada, o no es una mujer completa si no es madre.

Ser mujer es una cosa. Ser madre, otra.

Como madre que soy, reconozco que no hay experiencia más maravillosa que la de sentir como dentro de ti está naciendo una nueva vida, como se mueve, escuchas el galope de ese corazoncito en el momento de las revisiones médicas. Como verle formarse en esas ecografías. La ilusión de querer saber qué sacara de ti. Piensas en su pelo, sus ojos, su tamaño, sus manos, ¿será niño o niña?. Hasta sueñas con él antes de haberle traído. Hay una conexión única, entre madre y feto. Los meses se te hacen eternos, pero al mismo tiempo deseas segur disfrutando de ese momento. Te impacientas y, llega el momento.

Entonces te encuentras frente a un ser diminuto, que mueve sus bracitos como intentando zafase de tatos meses de cautividad en un espacio que ya se le ha quedado pequeño... Oyes su primer llanto. Más tarde te lo entregan. Pasas día y noche contemplando a aquella personita, tan pequeño, tan indefenso, tan dependiente de ti. Vives por y para él/ella. Pero esto no ocurre siempre ¿verdad? Siempre está la cara y cruz de la moneda.

Así es como yo lo he sentido pero ¿Cómo lo sienten otras mujeres?

Son muchas mujeres las que no desean quedarse embarazadas, por la razón que sea, y están en su pleno derecho. Para el hombre es fácil, pone la semilla y o bien es responsable y quiere ejercer de padre o, como ocurre tantas veces, esa carga es demasiado para él. Entonces nos encontramos ante una mujer que de repente se encuentra sola con su hijo. Bien, puede sacarlo adelante, total, es lo que deseaba y a ese hombre le conoció en la calle, hay tantos hombres. Pero ¿Y el niño? ¿Alguien ha pensado en ese niño?, preguntará por su padre, en muchos casos es posible que no tengan en un futuro ni hermanos, también preguntará por ellos, sentirá envidia de sus compañeros y amigos, se sentirá marginado. Y por mucho amor que se le de a la criatura, crecerá con esa mutilación, con esa carencia que, no nos engañemos, todos necesitamos. Una familia completa, un padre y una madre.

 

Adela tiene 16 años. No tomó las precauciones debidas o bien éstas fallaron. El caso es que ahora, sin haber madurado como mujer y mucho menos se ha planteado ejercer de madre, se encuentra embarazada. No quiere tenerlo y, además, otras personas intentan convencerla de que no aborte, pues eso puede perjudicarla psíquicamente además, cometería un crimen. Adela, se ha dado cuenta muy tarde de estar embarazada y ahora, también, atemorizada, confundida y, pobre Adela. Pero, ¿Alguien sigue pensando en ese niño? ¿Alguien le ha preguntado antes si quiere venir a este mundo de locos?... Adela finalmente decide ocultar su embarazo y dar a luz en unos servicios, o debajo de un puente, o donde quiera que nadie la vea. Soportando unos dolores terribles mientras pare. Después, decide abandonar a ese nuevo ser, pero no quiere ser cruel, y lo deja a la puerta de una Iglesia, está convencida de que alguien de buen corazón lo acogerá con cariño. Pero ¿Y ahora? ¿Alguien sigue pensando en ese niño? ¿Y la madre? Pasan los años y, Adela, no ha dejado de pensar en su bebé, en saber con quién y cómo estará. No ha podido dormir, la imagen suya abandonando a su niño se la repite una y otra vez. Se siente culpable, piensa que tal vez, solo tal vez, lo mejor hubiese sido ABORTAR cuando ella quería hacerlo y ALGUNOS iluminados, la convencieron de que no lo hiciese. Ni el mejor psicólogo podrá ayudar jamás a Adela.

 

Virginia y Paco son drogodependientes. No han reparado en que tanto “viaje” y pocas precauciones les pueden traer un nuevo visitante a la casa. Meses más tarde nace un niño. Poco tiempo después ese niño es maltratado por esos, sus progenitores; teniendo su cuerpecito lleno de moratones y quemaduras de cigarrillo. Llegan al hospital y les quitan la custodia. Bien, el niño pasará a manos supuestamente mejores pero ¿Alguien ha pensado por un momento en ese niño? ¿Querrá ese niño estar con gente que en realidad no son sus padres naturales? ¿Le contarán la verdad a ese crio una vez que crezca? ¡Ah no! Calla, calla. es mejor no decir nada y MENTIRLE, porque lo único que importa es que UNA familia sea feliz con ese nuevo niño.

 

Bartola y Bartolo. Tienen cinco hijos. Poco dinero y discusiones diarias. El ha cambiado a su familia por la botella y amigos de barra. Ella se deja el dinero de la compra en las tragaperras, y mientras tanto, los niños se atienden solos, pero no solo eso. Todas las noches sus cuerpecitos empiezan a temblar, casi todos los días y sobre la misma hora, empieza el espectáculo lamentable de sus padres. Gritan, se pegan se arrojan objetos, no oyen los gritos entre lloros de sus niños pidiéndoles que paren, el más mayor protegiendo a los más pequeños, intentando que no escuchen ni vean semejante escena…¿Alguien ha pensado en esos niños? ¿En qué se convertirán esos niños cuando crezcan? Nadie les va poder salvar de nacer con agresividad y violencia en el cuerpo.

 

A pesar de todo esto y muchos casos más. Es curioso leer y escuchar a muchos hombres opinando y EXIGIENDO un NO al aborto. Muy curioso. Nunca me opondré a la libertad de expresión y opinión pero, sinceramente, ¿Qué pinta un hombre decidiendo en un tema que solo incumbe a una mujer? El no menstrua, ni tiene náuseas todas las mañanas, ni antojos, ni va a sufrir cambios en su cuerpo ni en su salud física ni psíquica, al quedarse embarazado, entre otras cosas, porque nunca va a tener esa experiencia (hoy por hoy), ni padecerá del corazón con ese embarazo, o de diabetes y más complicaciones. Eso sin contar que aún hoy en día alguna que otra mujer muere al dar a luz. Fácil. Se juega su propia vida.

Y también curiosamente, la mayoría de las personas que sí está a favor de la  ley del aborto son mujeres y madres. Por algo será.

Es muy fácil ver los toros desde la barrera, y sobre todo muy cómodo. Hay que salir al ruedo y enfrentarse a ese toro para saber lo que se siente y los riesgos que conlleva.

Y otra cosa muy importante. Con esa Ley del aborto, muchas mujeres dejaran de jugarse la vida innecesariamente pariendo en cualquier parte o acudiendo a cualquiera, para que les ayude a solucionar el problema. Si una mujer no quiere ser madre, está en su perfecto derecho de hacerlo, y nadie es quién, para decirle que no. Yo me quito el sombrero ante estas mujeres que sé, que también sufrirán por haber abortado. Pero las heridas psíquicas no quedan solo con el aborto. Es la excusa de los que tanto gritan pero poco escuchan, y menos observan.

Y mejor no mencionamos las estadísticas de niños abandonado, maltratados, vendidos a pederastas, o asesinados. A los que dicen NO a la Ley del aborto les invito a que reflexionen un poquito y sinceramente, a parte de pensar en mujeres como Adela, piensen sobre todo en esos niños.

Prefiero un feto muerto que un niño amargado y herido de por vida.

¿Aborto? Si, por supuesto. Y que nadie me mencione a la Iglesia. Precisamente en los conventos se han encontrado algunos fetos en tiempos remotos.

ACLARACIÓN: Los nombres de las personas  y sus historias son producto mío aunque bien que se dan en la realidad. (Bartolo y Bartola es evidente de que son ficticios, los nombres.)