SOY MEDIUM, SI, PERO UNA MEDIUM CUTRE (2ª Parte)
Como iba diciendo. A raíz de aquel momento algo me impulsó a dirigirme hacia esos servicios ( y no, tampoco eran ganas de evacuar). Abrí la puerta principal, entré y cerré tras de mi. Allí permanecí quieta, en silencio. En pocos segundos empecé a escuchar algo. Parecía ser la voz de un hombre, joven. Pero lejana, no era capaz de entender ni lo que me decía, ni el por qué yo seguía ahí metida. Solo una palabra, solo una es la que escuché claramente, mi nombre. No os vayáis a pensar que era como en las películas de terror (Juanitaaaa...Juanitaaa...). No, no era de ese modo. Después de pronunciar mi nombre venía la frase que nunca pude entender, pero me seguía hablando, era un susurro lejano.
Asustada, salí de allí y al verme mi compañera, me preguntó qué me pasaba. Nada -respondí-. E intente continuar con la clase.
Lo cierto es que no se lo dije a nadie, no ese mismo día, pero después si. La clase de mecanografía seguía, mis visitas a los servicios también, y por supuesto, esos susurros. Soy una persona imaginativa, soñadora, pero en este terreno intento buscarle siempre una lógica. Llegué a pensar que podría tratarse de alguna avería en la cisterna que me hubiese hecho creer que aquel sonido era algo más que esa simple avería. Pero no fue así.
Llega el momento de decírselo a mi compañera y, hubiese agradecido tener otra que fuese algo más valiente, precisamente di con una que le tenía verdadero pánico a estos temas y me pidió que por favor, ni hablase de ello. Bien, yo necesitaba contárselo alguien y decidí que lo mejor sería hacerlo saber a mis padres que por algo me conocen desde que nací y bueno…, vosotros me entendéis.
Bueno, la situación no fue tan grave. Sabiendo que yo siempre hablaba de ovnis, vida en otros planetas (eso a la temprana edad de siete u ocho años). No les sorprendió que también hablase de espíritus. Para ellos era una fantasía más de las mías.
Fue entonces cuando mi padre me dijo algo: “Si puedes concentrarte, hazlo con alguien de la familia – dijo no muy en serio, claro- Hazlo con tu abuelo, mi padre”. Entendí que tenía que ¿invocar a mi abuelo? Bueno, ya solo por curiosidad lo voy a intentar.
Nuevo día, de nuevo en la clase. Me puse a pensar en mi abuelo (a quien no conocí en vida, pero sé bastante de él). De nuevo entré en aquel cuarto y… Esta vez la voz cambió, ya no era la de un hombre joven, sino la de otro bastante mayor, también muy lejana y pronunciando siempre mi nombre. Así estuve dos días o tres, hasta que empecé a sentirme agobiada por no ser capaz de entender lo que me susurraban. Entonces fue cuando se empezó a escuchar dar cuerda a un reloj…
Aquello me asustó de tal manera que salí corriendo de allí. La voz ya se había corrido y, algunos compañeros decidieron entrar para saber si aquello era cierto. En efecto, el temor se reflejaba en sus rostros, aquel sonido se escuchaba cada vez más fuerte, y creedme si os digo que sí, era el sonido de un reloj al que se le está dando cuerda.
Cuando llegué a casa y lo conté, ya no había risas, ni cachondeo. Y mi padre, solo se le ocurrió decirme que, podría ser el tiempo de vida de una persona. He de aclarar que mi padre siempre ha evitado estos temas, nunca le han gustado ni hablaba de ellos.
Después de decirme esto, fue a su habitación. A los pocos segundos apareció con algo en la mano y me lo entregó. Se trataba de un reloj antiguo,de bolsillo, de esos que llevaban los caballeros de entonces con una cadenita enganchados.

Estaba parado, llevaba años parado. Era el reloj de mi abuelo, cuando murió mi padre quiso tenerlo como recuerdo y, ahí estaba.
Era imposible olvidar aquella frase. Decidí no volver a entrar allí, ni concentrarme ni nada. Pero era obvio que, mientras yo deseaba desentenderme del tema, alguien desde el otro lado, ponía todo su empeño en seguir comunicando conmigo. Tanto fue así que, un día, mientras varios alumnos y alumnas se encontraban allí, la puerta principal empezó a abrirse. No había ventanas abiertas, por lo tanto, no había corriente alguna.
Bueno, el escándalo fue mayúsculo.La voz se corrió por todo el barrio y la gente, como ocurre siempre, ya se inventaban las historias: “Que si hay espíritus en tal colegio”…”Que si los grifos se abren solos”… y un largo etcétera.
La puerta seguía abriéndose sola, mi compañera histérica empezó a llorar, yo puse una silla bloqueando dicha puerta y… Entro la directora. Bueno, no voy a reproducir todo aquí, solo diré que, la directora lanzó la silla al suelo y me suspendió tooodas las asignaturas.
Salí del colegio y aquello, se vino conmigo.
Un mes después recibimos la llamada de mi tia (hermana de mi padre) informándonos de que un primo suyo habia muerto, que les había llegado una carta informando del fallecimiento, pero jamás, pudieron saber quien lo envió, no habia remitente y a todos los que llamaron por teléfono negaron haber enviado tal carta
Continuará…



















jaime martinez martinez dijo
hola:
es la primera que visito tu blog,y la verdad es que esta bastante bien.Espero que sigas asi.Grandes salu2
8 Octubre 2007 | 08:21 PM