HISTORIAS E HISTÉRICAS EN LA OFICINA
Me encontraba en mi mesa observando la escena sin salir de mi asombro. En la oficina, esa mañana se había desatado una gran disputa entre varias compañeras. Dos de ellas, Maite y Juanita, se engancharon del pelo. Pepa golpeaba la mesa histéricamente mientras gritaba incongruencias, Sara paseaba nerviosa por el pasillo mientras echaba por su boca maldiciones y daba unas caladas a su cigarrillo , Raquel daba patadas a la mesa y Asunción decidió berrear en el aseo, en su caso, era lo más parecido al canto de las ballenas, pero a lo bestia. Aquella escena era mas digna de un aula de parvulario que de una oficina. Y todo por un hombre. Mi jefe. Y por la fiesta de la noche anterior. El cumpleaños del jefe. Que majete, invitó a todo el departamento, bueno no, rectifico, obligó a todo el departamento con la firme amenaza de no subir el sueldo en dos años a quien no acudiese. Claro que, para él era un lujo, no había ni un solo hombre más en la oficina. ¡Ja!, menuda fiesta.
Jorge era un hombre que no pasaba desapercibido ni mucho menos, alto, fibroso, atractivo, bien vestido, muy educado y, muy atento con sus empleadas. Demasiado atento. Tan atento que, todas ellas algún día se habían encerrado en el despacho con él durante un par de horas. Pero no vayan a creer que entraron todas a la vez, no, eso ya daría mucho el cante y además, no se trata de “FlexGordon” y se abandonaría el trabajo, y él, ante todo era un gran profesional, - aunque no siga ese refrán que dice : “Donde pongas la olla no metas la…”, bueno, ya me entienden-. Todas menos una, yo, que ya estaba convencida de que pronto me pondrían de patitas en la calle por no…, colaborar en este tipo de tareas, extras. Lo mismo que le ocurrió a Filiberta, Fili para los amigos (que cursi), claro que, la mujer no estaba para muchos trotes a sus sesenta y cinco años, total iba a jubilarse ya.
De repente, se hizo el silencio. Jorge estaba en la entrada de la oficina observando con una leve sonrisa el espectáculo.
Buenos días señoritas- dijo con su voz grave y aterciopelada-
Y como por arte de magia, ipsofacto, todas se encontraban sentadas en sus respectivos puestos atusándose el pelo y respondiendo al saludo de Jorge sonriendo abierta y amablemente, como si allí no hubiese pasado nada. Yo ya llegué a pensar si todo aquello que acababa de ver no habría sido producto de mi imaginación, y haciendo un copygrith del mentalista Anthony Blair me dije a mi misma: “No le des mas vueltas, no tiene sentido”, y me dispuse a empezar con mi jornada cuando de repente…
Julia –inquirió mi jefe -
¿Si?- respondí-
¿Puede venir un momento, por favor?
Y diciendo esto pasó al interior del despacho. Tierra trágame –pensé-.
Por un lado el silencio invadió la oficina. Por otro, las miradas de mis ¿compañeras?, se clavaron en mí. Ya le hubiese gustado al maestro Hitchcock haber conseguido tanto suspense para una de sus películas como el que reinaba allí en ese momento. Era la primera vez que mi jefe me llamaba a su despacho y yo, empezaba a intuir el por qué.
En pocos segundos me adentré en el despacho.
-Cierre la puerta, por favor
Obedecí.
Jorge miraba a través de la cristalera.
-Me gusta la lluvia –dijo como hablando para sí mismo- Siéntese, por favor.
Me acerqué a la mesa al mismo tiempo que el tomaba asiento en su, supuestamente, comodísimo y ajetreadísimo sillón. Me senté.
Julia –dijo clavando su mirada en la mía- ¿Se encuentra usted a gusto trabajando en esta oficina? ¿Le gusta su trabajo?
- Si, me gusta – respondí -
- Le gusta – repitió inclinándose en el respaldo de su asiento- Pero ¿se encuentra a gusto?
Yo, ya empezaba a cansarme de preguntas estúpidas teniendo tanto trabajo como tenía de manera que, decidí que si pensaba despedirme o hacerme una proposición deshonesta u honesta, depende del cristal y desesperación con el/la que se mire, respondí:
- Bueno, no es el Edén, pero si, me encuentro a gusto.
Jorge soltó una carcajada. Y yo me imaginé la situación fuera del despacho, ya no sabía que era mejor, si seguir allí dentro con el pichafloja, o salir al coso con las leonas.
- ¿Ha estado usted en el Edén pasa saber como se encuentra uno?
Preferí guardar silencio sonriendo levemente.
- Anoche –prosiguió- Se marchó pronto de la fiesta, ni siquiera se despidió, ¿Se encontraba indispuesta?
- Una persona no se marcha de una fiesta solo porque se encuentre indispuesta, pueden ser varias las razones y una de ellas, es por la que yo me fui. Siento no haberme despedido, de usted.
Se hizo el silencio.
Ya –respondió finalmente-. Bueno, no tiene importancia. Puede volver a su puesto. Gracias.
Asentí, me levanté y salí de allí aliviada, pero solo por el momento, hasta que abrí la puerta y vi a mis compañeras mirándome de reojo. Poco después, me encontraba en mi lugar dispuesta a empezar con la tarea cuando volví a escuchar la voz de Jorge, esta vez llamaba a Maite. Ella se atusó el pelo, la falda, y se desabrochó un botón de la blusa. Antes de entrar al despacho sonrió maliciosamente a Juanita, con la que se había enganchado momentos antes. Cerró la puerta.
- La mato, la mato, la mato… –escupía una y otra vez Juanita al mismo tiempo que daba a la barra espaciadora del teclado-.
Observé como las demás agacharon la cabeza y continuaron trabajando. A Juanita nunca la había visto en ese estado, y la verdad, empezaba a preocuparme. Bueno, me preocupé hasta que se dirigió a mí.
- Y tú – dijo desde su asiento- Ju-li-ta, parecías tonta
La miré, pero en el preciso momento que iba a responderla un no se qué – porque no lo tenía muy claro dado mi anonadamiento-, se abrió la puerta del despacho, Maite, con porte serio y paso firme se dirigió hacia su mesa, recogió su bolso y salió de la oficina sin decir una palabra.
Juanita!, venga por favor
La voz de Jorge se dejó oír de nuevo. Me daba en la nariz que la oficina iba a empezar a gozar de un espacio más amplio. Intuición femenina dirían unos, o lógica pura y dura, dirían otros. Claro que, en ese lugar la lógica brillaba por su ausencia. Lo dejaremos en intuición.
La muchacha, con una actitud más bien desconfiada, titubeó antes de adentrarse en el despacho que tantas veces había visitado llena de júbilo y, energía. El silencio se hizo patente en la sala, pero solo por un corto espacio de tiempo. Qué poco dura lo bueno –pensé mientras veía como se acercaban de puntillas el resto de mis compañeras a mi mesa-. En ese momento empecé a sentirme como Charlton Heston en “Cuando ruge la marabunta”, excelente película por cierto.
Sospechaba que me iban a someter a un tercer grado y sí, acerté.
Las unas se pisaban a las otras interrogándome sobre mi visita al despacho del “dire”.
¿Qué te ha dicho? ¿De qué habéis hablado? ¿Para qué te quería?
A lo que respondí: Que le gusta la lluvia. De la fiesta. Y que si sé como se encuentra alguien en el Edén.
Después de mirarme un tanto extrañadas volvieron corriendo a sus puestos al escuchar como se abría la puerta del despacho. Juanita salió de la misma manera que lo había hecho Maite, pero con un clinex en la mano y un sofocón de padre y muy señor mío. Repetición de la jugada, coge bolso, chaqueta y sale de la oficina sin mediar palabra. Mi intuición cada vez iba cobrando más fuerza. ¿Quién sería la siguiente? Eso, creo que es lo que nos estábamos preguntando todas. Joder, esto se estaba convirtiendo en una especie de “Matanza en Texas” pero sin sangre, of the moment.
Jorge salió del despacho con esa media sonrisa suya que parecían haberle dibujado con permanent marker (tinta permanente, vaya).
-Señoritas, hasta mañana. Buenas tardes.
Y con esa amabilidad que le caracteriza salió de la oficina no sin antes guiñarme un ojo. Menos mal que mi mesa estaba junto a la puerta de entrada y mis compañeras no pudieron percatarse de semejante, detalle.
Pepa, Sara, Raquel, y Asun guardaron silencio absoluto hasta que se escuchó la puerta del ascensor. Jorge ya se había marchado. En ese momento volvieron las voces y las preguntas:
Pepa -¿Qué habrá pasado? Juanita iba llorando ¿la habéis visto?
Asun - ¡Como para no verla! ¡Y oírla!
Sara -No sé, no sé, esto no me gusta nada
Raquel- ¡Coño! Se estaban tirando de los pelos! ¿Estáis ciegas? ¿Cómo puedan dar ese espectáculo barriobajero en la oficina?
Pepa -¡Aaah claro!, las habrá despedido
Asun- pues que se jodan! Total, para lo que hacían aquí
Sara- Pues mira, vas a llevar razón, valientes vagas
Raquel - ¡Y golfas! No te olvides que se han peleado por querer llevarse a la cama a Jorge. Anoche también nos fastidiaron la fiesta ¿no os acordáis?
Pepa- ¡Como olvidarlo!, vaya espectáculo, borrachas y haciendo streeptease… ¡Que poca vergüenza!
Asun- A ver si aprenden de una vez, el jefe es el jefe, ¡y no se liga con el jefe! ¡Hombre, por dios!
Se volvió a hacer el silencio mientras se miraban unas a otras. Después dos horas y media de conversación de ese estilo, tan elegante y con tanta clase, decidieron ponerse a trabajar. Yo había aprovechado el tiempo y el trabajo me había cundido bastante, diez minutos y se acabó la jornada. Empecé a recoger bártulos, me acerqué a la máquina de café y encendí un cigarrillo. Al hacerlo, miré por los ventanales. No podía creerlo, al final de la calle, de un hotel ví salir a Jorge con Juanita y Maite agarrada cada una a un brazo de él, parecían felices y contentos, muy contentos. No pude por menos que sonreírme. Había cambiado de escenario y de estrategia. ¡Caramba! Con Jorge. Y después de ver lo que estaban viendo mis ojos, empecé a poner en duda si la pelea entre ellas habría sido toda una farsa.
Consulté mi reloj. Hora de marcharse.
Bye bye chicas – me despedí de ellas mientras cogía mi bolso
















Ramsés .... dijo
Mon dieu, vaya trio. :-D :-D :-D
17 Agosto 2007 | 11:35 PM