Está muy claro. Nos han engañado, no se trata de un mando desde el que puedas cambiar los canales de la televisión a cualquier distancia prudencial, no. Yo ya sé el por qué, lo he ido deduciendo día a día.
Suelo ver la TV cuando estoy comiendo, cenando, o cuando sale algo interesante (que es en muy raras ocasiones). Y siempre las mismas preguntas:
-¿Qué estáis viendo? ¿Pero por qué tenéis puesta Antena3? ¡Que yo quiero ver Tele5! a ver que dicen de la Fórmula uno
Y ahí viene cuando la matan a ella, y la respuesta a la pregunta que encabeza… esto:
- ¿Y el mando? ¿dónde está?
Se encogen de hombros
-No sé, - responden- estará por el sofá, o en la mesita o…
A distancia amigos, siempre a distancia. Nunca está cerca cuando se le necesita (claro que, esto no pasa solo con el mando a distancia). Siempre está a tomar “polculo”. De ahí el nombrecito.
No siempre esa distancia tiene que ser necesariamente larga, no. A veces es corta, muy corta. Tan corta ¡que ni lo ves! Volvemos a la escena principal, fundido en negro y ¡plaaano 2!
-¿Qué estáis viendo? ¿Pero por qué tenéis puesta Antena3? ¡Que yo quiero ver Tele5! a ver que dicen de la Fórmula uno
Se encogen de hombros
Ya no hace falta que te digan lo del sofá o la mesita. Te levantas y lo buscas rápidamente. Pero no lo ves, y ya piensas que ese mando ha recobrado vida y se ha largado a cualquier rincón de la casa, y piensas: “Hay que ver como avanza la tecnología “.
Agotada de tanto buscar, miras al personal que se encuentra moviendo moflete y vuelves a preguntar:
- ¿Dónde leches está el mando?
Y entonces, y antes de que nadie responda. Observas que por debajo de una servilleta (de uno de los comensales) se divisa algo negro. La levantas y… ¡Coño! ¡¡El mando!!
Cuando quieres cambiar de canal ya esta el hombre del tiempo. Se acabó, hoy no te enteras de los deportes.
Hay que joderse, lo tenía enfrente mía, tan cerca… Y tan lejos… Batallita.
Después de tanta movida, decides de ahora en adelante, coger el dichoso mando nada más sentarte a comer, ¡pero claro!, como no estás acostumbrada pues… Vuelves a preguntar. Pero esta vez no se encogen de hombros, ahora te miran con cara de poker. ¡Ni mastican oiga! Y tu, como que empiezas a marcar territorio y con el colmillo goteando, a punto de hincárselo a alguien. Y entonces piensas: “¡La servilleta!”, y en el preciso momento que vas a levantarla, le arreas un golpe al vaso de agua haciéndolo volcar y derramar todo el líquido sobre… El mando a distancia que estabas sujetando con esa misma mano. Haces un barrido visual: Mando, comensales, TV, mando, TV, ¡mando! , ¡¡TV!!!... No puede ser. Otra vez el hombre del tiempo que hoy anuncia borrasca y fuertes tormentas… ¿Estaba en casa y tampoco le he visto?...