Sí, ya sé que el cuento no es así, pero hay taaantas cosas que no son como deberían de ser. Las historias están cambiando y, los finales también.
Desde pequeños nos han enseñado a respetar. Nos han llenado de ilusiones con mentiras piadosas. Nos han hecho comer y dormir de varias maneras, unas contándonos cuentos, otras cantándonos alguna nana, otras en cambio, metiéndonos el miedo en el cuerpo porque, si no obedecíamos, vendría el hombre del saco, nos metería dentro de su temible saco y nos llevaría con él ¡a saber dónde!; o el tan famoso “Coco” al que nadie nunca había visto pero todos imaginábamos que sería horrible, feísimo y sobre todo, malo malísimo.
También hemos visto en películas o leído en libros que, el malo, ése que siempre parecía ir ganando ventaja a lo largo de la historia, al final terminaba perdiendo, y el bueno, era el que siempre vencía. Mientras el malo malísimo iba ganando terreno veíamos la injusticia, pero cuando llegaba el finaly el malo perdía, entonces respirábamoshondo, sonreíamos y pensábamos: ¡Se ha hecho justicia!
Y era entonces, cuando todo encajaba. Y vivíamos tranquilos, sólo sabíamos que si no nos portábamos bien, recibiríamosdaño, dolor y lágrimas... Siempre nos intentaron prevenir del mal que venía de fuera: “Ten cuidado con…” “Ten cuidado de…” “¡TEN CUIDADO!…” DANGER, DANGER! Y al oír esas palabras, una lucecita roja dentro de nuestra cabeza se ponía en funcionamiento.
Pero en el manual que nos leyeron de pequeños, faltaban hojas. Eso, o que alguien se las pasó por alto. Lo que empezamos a oír y ver a nuestro alrededor por distintos medios poco o nada tenía que ver con todo aquello de lo que nos previnieron. Existía un peligro del que no nos advirtieron. Ése peligro que ya no sólo se encontraba fuera, en el exterior, sino dentro, en el interior, en nuestro propio hogar, al lado nuestro…
Entonces es cuando aquellos cuentos tan maravillosos, donde todos solían terminar comiendo perdices y siendo muy felices, se convirtieron en algo terrible, sombrío, espeluznante, aterrador… Fue entonces cuando descubrimos a Caperucitacomiéndose a su abuelita, a Blancanieves envenenando a la bruja - que ahora resultó ser la curandera del bosque-. A Cenicienta acabandocon la vida de sus hermanastras con dos disparos certeros sobre sus cabezas mientras dormíany solo por envidia. Más tarde acabaría con la vida del Príncipe dándole una manzana envenenada, y solo por celos. A los tres cerditos a navajazos por heredar la mejor casa. A la joven cerilleraconvertida en pirómana y prendiendo fuego la ciudad... Y así un largo etcétera.
Ahora ya no nos permitían tener ilusión, ni soñar. Ahora sabíamos que el peligro estaba ahí mismo, sentado a nuestra mesa, tumbado a nuestro lado en la cama… Hijos que matan a padres, padres que matan a hijos o se matan entre ellos…
Nunca, nadie, nos explicó en realidad quien era el “Coco”, qué aspecto tenía. Ahora, y por desgracia, ya lo sabemos.
Todo me hacia presagiar que aquel día iba a ser..., un tanto especial. No me levanté de la cama ni con el pie derecho, ni con el izquierdo, directamente me caí de ella en el momento que sonaron a la vez: los dos despertadores que tenía a cada lado de la cama, el teléfono móvil con la alarma, la emisora de radio programada en la cadena, y el teléfono fijo con la función despertador de telefónica. Allí, desde el frío suelo, permanecí unos instantes pensando, un tanto desconcertada claro, que apagar primero.
Empecé por los despertadores, después descolgué rápidamente el auricular del teléfono fijo y volví a colgar, segundos después al móvil -reconozco que me costó un poco apagarlo, ya que mi visión no estaba en su mejor momento-, y después, a gatas, me dirigí hacia la cadena musical y pulsé el botón "off". Permanecí sentada en el suelo, un tanto jadeante, como si hubiese terminado de correr una maratón. Momentos después me encaminé hacia la ducha. ¡Que agradable sentir el agua caliente sobre tu espalda! mientras te enjabonas ¿verdad?, la pena fue, que ese placer duró poco, fue lo más parecido a un "coitus interruptus", como si me hubiesen echado un jarro de agua fría, y nunca mejor dicho. Fría no,¡helada!, empecé a soplar convulsivamente mientras me quitaba el gel y champú de encima, y pensé, que lo mejor en ese momento, sería recordar algo que me motivase, que me hiciese entrar en calor, dicen, que si te sugestionas , lo consigues. Lo que nadie ha dicho nunca es cuanto tiempo tardas en creértelo. Pensé en el horno, en las playas del caribe, en una noche loca con un semental, y hasta empecé a tararear: "Cuando calienta el sol aquí en la playaaaaa...". Decididamente mi poder de sugestión brillaba por su ausencia, no lo conseguí. Una vez que me vi libre de espuma por todas partes cerré los grifos rápidamente, salí y me puse mi albornoz y zapatillas. Me dirigí a la cocina, un cafetito caliente iba a venirme ¡de miedo! después de haberme sentido cuál solomillo en el refrigerador. Lo más rápido -dado que iba con prisa-, era calentarme el agua en el microondas. De micro no se lo que quedaría, pero de ondas, ni una, se fueron de viaje, aquello no iba. De manera que decidí calentarme el agua en la vitrocerámica, probé a poner la mano encima para ver si calentaba, pero no, aquello no se encendía, ni sentía calor en mi mano.
Con gran mosqueo, me dirigí hacia mi habitación para vestirme, mientras pensé que lo mejor sería desayunar en el bar de la esquina, si no estaba cerrado, claro. ¿Vestirme?, he dicho ¿vestirme? y..... ¡Que me pongo! Tengo una entrevista de trabajo, y no se como ir vestida. Después de probarme varios modelitos y mirarme una y otra vez en el espejo de cuerpo, decidí por lo más práctico, traje negro y camisa blanca, después me probé varios pendientes, hasta dar con los que mejor me iban con ese traje. De repente...husmeé, ¿que era ese olor?, fui hacia la cocina, de allí provenía ese olor a chamusquina... ¡joder!... ¡humo!, ¡salía humo del horno!, pero, ¿a que botón he dado yo? -pensé-. Hacía tiempo que no usaba la vitrocerámica, bueno, en realidad, desde que la compré no la había usado nada más que una vez, probandola con el repartidor, y sinceramente ¡como estaba tan bueno ese señor!, poco caso hice a sus explicaciones. Al final di con el "quid" de la cuestión, puse el cazo a calentar, y al darme la vuelta para prepararme una tostada, observé un cable por detrás del tostador, lo seguí ,deslizando mis dedos por el mismo, hasta llegar al extremo.... ¡Caspita!¡el enchufe del micro!. Con el cable en la mano, miré la vitroceramica, el cazo y...el microondas, preferí no darle más vueltas, lo importante era mi entrevista de trabajo, y el tiempo era ¡Fly!, pasaba volando. Finalmente pude tomarme el café. Corriendo y mirando mi reloj de pulsera, fui al baño de nuevo, me cepillé los dientes, me peiné y...al ver mi rostro reflejado en el espejo, lo vi ajado, pálido, inexpresivo. Mejor me maquillaba un poco antes de salir. Bien, una vez lista, me aseguré de llevar todo dentro del bolso: carné, llaves, móvil.... Ya decidida, me encaminé hacia la puerta de salida. Aunque vivía en una quinta planta, no me fiaba mucho de que el ascensor fuese a funcionar como debía en esa mañana, tan especial. De manera que empecé a bajar escalones. Cuando llegué al portal, me detuve, y consulté de nuevo mi reloj...
Hice mis cálculos de lo que podía tardar el autobús en llegar a la parada, y en llegar a mi destino... ¡prueba superada! ¡El simulacro había finalizado!, para mañana (día de la entrevista) ya estaban salvados tooooodos los obstáculos.
Paseo por calles de Madrid, esas aceras atestadas de gente donde cada uno va a lo suyo. Observas como ha ido evolucionando ese individualismo de la sociedad de nuestros días. Antes veías como algunos iban leyendo el periódico o un libro, ahora la gran mayoría llevan sus auriculares, unos lo acompañan con la lectura, otros, con la mirada perdida, posiblemente imaginándose estar en ese momento en otro lugar, con otra compañía, posiblemente recordando algo del pasado, unas vacaciones, alguna situación agradable o desagradable, depende dedonde te lleven las notas de la melodía que estés escuchando en ese momento.
Es alucinante, todo parece mucho más fácil y llevadero si lo acompañas de música, la espera del bus, el tren, el metro, el cruce de los pasos de peatones. Incluso los empujones, no les das importancia, vas sumida en tu mundo de compases y secuencias, para mi, por regla general, muy agradables.
Pero otras veces, algo llama tu atención, no puedes apartar la mirada y hasta llegas a pensar, me van a decir algo por mirar tan fijamente pero, la escena es dura, no puedo mirar para otro lado y tampoco puedo hacer nada.
Allí, a las 7 de la mañana, observo a una pareja, hombre y mujer de avanzada edad, tumbados sobre un colchón viejo y roído, tapados con varias mantas, dos o tres maletas y diversas bolsas prácticamente les rodean, supongo que sus enseres se encuentran en el interior.
El hombre se levanta, está despeinado, sucio. La camisa a medio introducir por el pantalón. Lo primero que hace es encenderse un cigarrillo. Nos mira, pero no nos ve, su preocupación es otra, despertar a su mujer. Ella, con un mal gesto le dice que la deje dormir. El insiste, se ve que algo le preocupa, puede que sea la presencia policial. Sigue insistiendo pero no hay forma, la mujer decide seguir durmiendo. El enfado del hombre empieza a aflorar, el de ella, también, pero sigue sin levantarse.
A pesar de las circunstancias, se nota, se palpa en el aire, que se conocen perfectamente y, que se quieren, no podrían vivir el uno sin el otro, son cómplices, camaradas, compañeros, náufragos en un mar de asfalto.
Sigo observándoles mientras me termino el cigarrillo, la gente pasa por su lado, mirando de soslayo y siguen su camino, es normal, van a trabajar y por desgracia, ya nos estamos ACOSTUMBRANDO a ver esas escenas. Consulto mi reloj. Bien, tengo que marcharme, él está recogiendo los bártulos que tienen por allí, ella sigue durmiendo. Se levantará, siempre lo hace. Cuando vuelvo ya no hay ni rastro de ellos dos, pero, a la mañana siguiente, allí estarán de nuevo, como de si una suite en el mejor de los hoteles se tratase. Ellos tienen colchón, otros el banco de un parque, el de un metro, o simplemente, el frío suelo y unos cartones o papel de periódico.
Yo tengo un techo, una familia, un plato de comida… Soy una privilegiada.
Recuerdo cuando estuve hace unos años en un trabajo, sin tiempo para nada y todos te proponían alguna quedada, tanto fue así, la insistencia, que al final un día accedí, y terminé acostándome a las 2 de la mañana para levantarme a las 4:30, no volví a hacerlo.
Después, cuando fui al paro, fue al contrario, a penas se proponían quedadas o la gente ya tenia sus planes. Anteriormente tuve una relación sentimental, él siempre me acompañaba al trabajo, o me llamaba por teléfono, y me preguntaba ¿cuando libraba?, bien, pues cuando yo libraba, éste señor (por llamarle de alguna manera), desaparecía. Su teléfono o estaba fuera de cobertura, o sencillamente si podía comunicar con él, me contaba que estaba muy ocupado trabajando. Más tarde, tuve otra relación, y pasaba algo parecido, la típica pregunta de ¿cuando libras?, total, para no vernos. Incluso, darse el caso de quedar con otra gente que si sabían (al igual que él) que yo libraba y preguntarle por mi, y él contestar que ¡estaría en casa! y no me apetecería salir.
La cuestión era que, a él le gustaba mucho el bailoteo y la caza, y a mi, no. Y luego, me llaman desconfiada. ¿Puedo confiar en alguien a estas alturas? Es una historia que se repite continuamente. Se nos llena la boca de decir, que no solo estamos para los buenos momentos, pero a la hora de la verdad, cuando realmente necesitas de alguien, no tienes a nadie, y hablo de puertas para afuera. O viceversa, cuando alguien nos necesita realmente es cuando no estamos, ni sabemos estar a la altura de las circunstancias, y sálvese quien pueda. Y la verdad es que, las palabras se las lleva el viento, y yo, me sigo fijando en los hechos. Como le he dicho hoy a alguien, en parte lo entiendo, una persona con problemas y deprimida suele resultar un "coñazo" para la gente, que lo que desea es divertirse, reírse y olvidarse de la rutina.
El problema es que, en mi caso (hablo por mi, claro), no deseo hablar de mis problemas con nadie, puede que una o dos veces, pero no más, sino, sencillamente necesito hablar, puede que también para olvidar mi rutina... Siempre nos quedará nuestra compañera la escritura, la cuál es de gran ayuda, porque aún sin respuestas ,que no siempre se esperan o desean, es más, a veces hasta son innecesarias, responder por responder es tontería, sabes que alguien, por lo menos, te ha leído (escuchado). Y no busco culpables ni inocentes, la vida es así, y las relaciones personales, muy complicadas, porque ante todo, siempre vencerá el egoísmo.
Y hablando del tema, viene a mi memoria una conversación de una película española “Fría luna de invierno”, donde Umax Urralde (el solitario), le dice a un chico, que él no tiene amigos, que tarde o temprano terminan traicionándote, y el otro le responde, que él si tiene muchos. Entonces éste, que además era un chico de la calle y con mucha experiencia en la vida, le responde sonriéndose: Dales tiempo...
Madrid a....a.....Lunes , creo, de Septiembre, del 2006 (Rectifico: Domingo-Lunes, dos por uno, como las ofertas del carrefour) Me hallo sentada en la terraza de "mi" bar, con ese ruido de fondo de la ciudad, y mi música de Clapton a todo volumen. Esta noche hace calor, y esa contaminación...¡Asquito de ciudad oye! Cuando no se me ocurre que contar, sencillamente dejo correr líneas de tinta en espera de que la inspiración llegue de un momento a otro, y cuando aparece entonces ya no puedo parar, es como si mi mano y mi mente la guiase alguién o se apoderasen de ellas. Me sumo en un mundo lleno de secuencias de imágenes, palabras, sonidos, colores, a los que me es dificil seguir, pasan demasiado rápido. Mi mano está a años luz de mi mente por lo que le cuesta seguir su ritmo.
Enfrente mia tengo una agencia de viajes, que se encuentra cerrada por ser dia festivo; veo los carteles que ofertan con diversos viajes: Caribel, Brasil.... Me gustaría escapar de Madrid, un dia, dos, tal vez tres fuésen suficientes o posiblemente unas pocas horas para renovar mi espíritu, mi estado anímico. A mi lado, en otra mesa, una pareja discute acaloradamente. Un camarero regordete va retirando las sillas que rodeaban mi mesa y las va situando en otra que se haya vacia, sin clientes, (no sé por qué da por hecho que voy a seguir sola...) A mi espalda, en otra mesa dos matrimonios conversan. Uno de los hombres grita medio en broma , medio en serio a una de las mujeres (no sé si van de buen rollo o malo, como no les conozco ...), pero suelen ser los típicos que utilizan ese tono y ése tipo de bromas para arrancar una falsa sonrisa a sus acompañantes, mientras su pareja mantiene un porte serio. (No, no tengo ojos en la nuca, es que he vuelto la cabeza un momento al escuchar las voces).
Creo que mi diskman empieza a quedarse sin pilas, siento como Clapton por momentos va cambiando su voz y éso, no es muy normal en él, si lo sabré yo , que le escucho todos los dias. Se acaba de sentar otra pareja enfrente mia. Cada vez que levanto la mirada sorprendo al hombre mirándome (¿qué mirará?....). Mientras, su acompañante le está comentando algo ajena a ese cruce de miradas. (siempre me ha molestado esa actitud....¿se habrá cansado de mirarla a los ojos? o ¿son de los que nunca miran a los "eyes" cuando se les habla?).. Me dirijo a mi trabajo, y no sé por qué lo hago, en realidad no me apetece lo más mínimo acudir,en fin ¡que remedio queda!. Desde el autocar, ya de camino al trabajo, veo a través de la ventanilla a la gente, los establecimientos, las luces de neón...Me sorprende ver que una tienda de decoración tenga por nombre: "San Pedro". ¿El carpintero no era San José?, no sé, como cada dos por tres nos cambian la historia...Lo mismo era San José el que tenia las llaves (matarile rile rilerón) y San Pedro era el carpintero. Puede que Dan Brown nos saque de dudas algun dia. O le pregunto al dueño del establecimiento, puede que sea su santo favorito ¡a saber!.
¿Lo importante es participar?, nooo, ni mucho menos, lo importante es ¡ganar!,todos queremos ganar, nadie quiere perder, pero si hay algo que se debe aprender en esta vida y es, saber perder. Pero ¿a qué llamamos saber perder?, ¿Hay que estudiar para eso? Y ¿dónde?¿dan un diploma a final de curso de "saber perder"?. A mi modo de ver , eso es conformismo, no estas enseñando a luchar, solo a "rendirse" a conformarse con lo que hay, y el próximo comentario ante una derrota será, "¡bueno!, he participado!, ¡al menos se perder!. Y entonces daremos la vuelta y diremos: "¡No señor! ¡hay que salir a ganar! ..¿en que quedamos?, y es que ,esta vida esta llena de comentarios y actitudes contradictorias, incluso en una misma persona, en un mismo día , en una hora o incluso en tan solo cinco minutos se podrán observar un montón de contradicciones. Pero bueno, ése sería otro tema.
Sigamos con la lucha, yo me he sentido como "Rocky" en sus mejores tiempos, y puedo aseguraros que he disfrutado muchísimo. He sido perdedora, y desde luego a mi no me gustaba perder, pero lógicamente la inexperiencia te lleva a cometer muchos errores, (en ocasiones la experiencia, también), nunca me he sentido bien perdiendo, y me sentaba francamente mal cuando alguien me soltaba el tópico de: "lo importante es participar". ¡y una leche!, yo quería ganar, ¡vencer!, pero claro, como todo en esta vida, lleva su tiempo. Un tiempo que yo intente hacer lo más breve posible. Es imposible borrar de tu mente aquellos momentos. Y tampoco he intentado borrarlos, son necesarios, a fuerza de golpes, caída tras caída. ¡vamos! que no salía del suelo, fue ,como aprendí ,que era el camino hacia una victoria segura, y fui a por todas. A mi, se me juntaron varias cosas, mi coraje y la mala leche que me ponía el que me comparasen (negativamente claro) con la campeona del gimnasio, una cachas que alucinas a la que, los más pequeños la tenían pánico, era un poco burra la mujer ¿he dicho mujer?, bueno, algo parecido, cuarto y mitad, pero ya quisieran muchos tener los bíceps que tenia ella, ufffff, tremenda y además tenia muy mala leche.
Reconozco que a mí, en un principio, me dio un poco de "cangui", pero desde el día en el que me pilló por banda, el profesor más bestia que he visto (y catado) en mi vida, con una pinta entre "Marine-Algarrobo-Terminator" que alucinas, ya no la tuve tanto miedo a ella. Hacía mención antes a "Rocky", porque en uno de los combates, se la fue la mano, me dio en la nariz y empecé sangrar pero ¡ ni por esas!, consentí que se detuviese el combate, (que tampoco era tan grave por otra parte), al final no ganamos ninguna, ¡ajaaaa!, ya me iba acercando. Y efectivamente, una mañana de Sábado, era por el verano creo (yo es que me pasaba la vida en el gim), allí, delante de la gente que se aburría y no querían irse al bar a tomar una copita, entraban para ver la clase, familiares, amigos... mucha gente. ¡Y llegó el gran momento!. Imaginaros, yo con mis trencitas y ella con su pelo muy corto y esa cara de mala leche... Buenoooo, ése fue el momento esperado (y es cierto eh), no sé, si para ver como me daban a mí, o para ver como la daba yo a ella, el caso es que aquello empezó a llenarse de gente y el combate comenzó, lo cierto, es que al recordarlo, éramos dos leonas, una que ya sabia mucho (ella) y como vencía siempre pues... Y otra yo, que como siempre perdía, pues me puse las pilas, con dos horas diarias, después clase de los adultos, (tíos como castillos) y se vieron los resultados...
Por regla general, en cualquier combate, si te sales del tatami, se detiene y vuelves al centro, aquí no, aquí nos salimos del tatami, fuimos a parar a los pies de quienes estaban allí sentados y ¡¡allí mismo!!...¡¡¡VENCI!!!. A mí me hubiese gustado competir después mas veces con ella. Pero no pudo ser, desde ese día decidió quitarse del gim y dedicarse al balonmano y el fútbol. De manera que continué en la clase de los tíos grandotes (yo la única niña)para continuar aprendiendo mas, y más... ¿Lo importante es participar?...nooo, para nada, lo importante es salir a participar con la idea de que vas a ganar, participantes hay muchos, perdedores también, ganadores... no tantos.
Por fin he sido capaz de encontrar el dichoso video de la fiestecita. La verdad es que me esperaba más. Como en la anterior fiesta, más gente hablando y esas cosas. No sé si tendrán una segunda parte de el video. De momento esto es lo que hay, juas, juas, juas.
Me encontraba navegando por el ciberespacio (por causas que no vienen a cuento), y de repente me encuentro con una imagen. Pincho en dicha imagen al llamarme la atención la niña que está sentada y triste. Directamente me redirecciona a un blog. Cuando estoy allí veo que , en la foto, no está la niña sola. Un poco más arriba se ve perfectamente la figura transparente de un niño.
Me he ido a leer los comentarios que había sobre dicho escrito y, curiosamente, nadie menciona nada de esa imagen, solo alaban al escritor (muy razonablemente por cierto) por sus palabras. Total, que yo le he felicitado por ese post y ya de paso le he preguntado que de dónde había sacado esa imagen, que me había impactado (no he entrado en más detalles).
Y bueno, no contenta con todo esto, he guardado la imagen, me la he llevado al Photoshop y la he aumentado. ... Nada. Si se tratase de un montaje (que podría ser) está realmente bien hecho. No se trata de fotografías superpuestas porque ese niño que aparece en la imagen está en el mismo lugar, no se trata de otra fotografía. Y lo más curioso es como ese niño mira a la cámara mientras la niña sigue lamentándose.
Después la he puesto en negativo y, ahí está la figura de ese niño.
Desde España con amor. Lo de Ciudadana es porque no me queda otra y lo de Keing es porque me hago muchas preguntas, demasiadas para las pocas respuestas que obtengo.